Revista Avance
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Renovar conocimientos con más frecuencia y velocidad

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El horizonte de los nuevos profesionales y la todavía quizá insuficiente oferta académica para las necesidades actuales de la profesión constituyen el eje de esta conversación con el Ingeniero Agrónomo Fernando Vilella, de extensa trayectoria profesional, como funcionario y docente en nuestro país.

 

Jugar en primera

En principio, la dinámica, la aceleración y la complejización de los conocimientos que ha habido en los últimos años -y lo que viene para adelante- hace que muchas veces los formatos de las carreras universitarias deban ser puestos en  debate. En mi generación -yo ya podría estar jubilado- el pasaje por la universidad era como “una vez en la vida”, una especie de enciclopedia que había que transcurrir en los estudios y tenía que ver con adquirir conocimientos de múltiple información, la cual además ofrecía una tasa de recambio relativamente baja.  Hoy eso ha cambiado fundamentalmente, entonces uno ha percibido en estos años que estas aceleraciones que estoy mencionando hacen que se deban refrescar y renovar conocimientos periódicamente, cada vez con más asiduidad y velocidad. Con lo cual, en mi visión, una experiencia universitaria debería estar pensada como carreras relativamente más cortas que las que hicimos, y con fuerte contenido conceptual de las cuestiones básicas más relevantes. Después, a lo largo del tiempo, uno debe volver a refrescar y actualizar cosas, y estar acorde con las necesidades profesionales del momento.

Trabajo en equipo

Me parece entonces que las estructuras de las carreras deberían estar pensadas de este modo. Lo que tenemos que tener presente, justamente a partir de estas aceleraciones y modificaciones, es que una de las cuestiones que hacia adelante serán relevantes es que el eje de una decisión (a veces individual, o de pocos, cuando hay que emprender algún tipo de capacitación en un establecimiento o sistema productivo) pasa a formar parte de un grupo de profesionales, seguramente con distintos matices. El trabajo en equipo entonces se convierte en un tema central, para lo cual perfeccionar estrategias de comunicación, ya sea a través de medios escritos u orales o visuales, resulta un elemento imprescindible.

Tenemos entonces diferentes enfoques en cuanto a los tiempos, los contenidos y lo formal. Desde el punto de vista tecnológico, claramente estamos en el siglo que podemos caracterizar “de la biología y de las ciencias informáticas”, y el entramado que entre ambas se genera está provocando esta explosión de conocimiento a la que asistimos. Un caso claro fue el de la pandemia, donde en menos de un año tuvimos diferentes estrategias y múltiples vacunas, y el conocimiento permitió que en ese corto lapso estuvieran disponibles algunas de ellas con estrategias muy novedosas, como las de ARN, etcétera, de las que casi no había ejemplos. El problema no fue la ciencia ni el conocimiento, sino la logística industrial. A veces no había frasquitos, otras no había etiquetas para fabricarlas más rápidamente. Esa me parece una forma de graficar claramente la velocidad.

Hace quince días veo en los diarios, no conocía el tema, pero Google acaba de anunciar que ha estado financiando un programa para las estructuras de las proteínas. Había una cantidad de estructuras conocidas que se ha multiplicado: hay 200 millones de estructuras proteicas, que no tienen solo que ver con la secuencia sino con la forma espacial, tan importante en el caso de las proteínas. Es un salto que se ha dado en pocos meses. Entonces, a partir de programación y de gente de la biología, llegamos a esto. Todo esto está más presente en el día a día. Hacia adelante, una de las fortalezas que Argentina tiene es la bioeconomía, que abarca todos los rincones del país y es lo que yo llamo la “vaca viva”, que debería capturar el mismo nivel de atención en cuanto a enfoques y facilidades que la “vaca muerta”. Esta tiene que ver con una visión de la energía del pasado, en manos de muy pocas multinacionales que, bueno, reciben múltiples ventajas para hacer sus inversiones, ventajas que los productores, los miles de productores de la vaca viva no están recibiendo. Sin embargo, son los que generan trabajo y desarrollo en cada rincón del país.

Conocimiento sistémico

Ese enfoque bioeconómico donde se junta el conocimiento con la generación de biomasa, el ambiente, la economía circular, todos estos conceptos son cada vez más complejos, y entonces requieren lo que mencionaba al comienzo: profesionales con un conocimiento sistémico y que sepan trabajar en equipos, donde cada quien asuma la responsabilidad de la componente donde estén más vinculados. Y en un país como la Argentina, donde esta bioeconomía, sin ninguna duda, es parte de la solución, del futuro, de sus problemas económicos y de desarrollo. No es la única solución, pero sin dudas es una parte inescindible. Tenemos recursos naturales, recursos formados y en muchos campos estamos liderando. Estamos cerca del liderazgo.

Las pocas mediciones de impacto ambiental de los productos que generamos nos dan muy bien, comparadas con las de otros sistemas. El potencial es enorme y se requiere de mucha gente. El otro problema que tenemos en muchos lugares es que si efectivamente -de acuerdo con los potenciales de los que Argentina dispone- se reactivaran la economía y las economías regionales, un punto importante de carencia serán los recursos humanos calificados o semicalificados. Ahí, desde las universidades, vamos a tener que colaborar en otro tipo de formación, no universitaria sino técnica, que incluya cursos más cortos y mucho más acotados a resolver problemas que le permitan a la gente, a partir de ese conocimiento, incorporarse más rápidamente al trabajo calificado.

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